martes, 13 de enero de 2015

Charlas en la madrugada.
Encanto.
El juego de los encantados fue uno de mis favoritos allá en mi niñez de tierra suelta, de tepocates supervivientes a la lluvia de piedras que me salpicaban los pies cenizos.
Era un juego mágico que detenía el tiempo del encantado, me divertían las poses en que mis primos quedaban con un poco de su gracia, parecían estatuas con su propia capa de polvo, sólo cuando yo era el inmóvil encantado perdía el sentido del juego. ¿Por que? quedarme quieto ¿solo por una regla del juego?
Nunca imaginé que algo me pudiera encantar y dejarme petrificado en realidad. ¡Qué iluso fui!
La mañana nublada de aquel día fue testigo del encantamiento de un hombre.
Perdí el control de la voz al intentar saludarte, diste media vuelta y el vaivén de tu cadera paralizó mis piernas, comprendí al encanto cuando miraste el sudor que brotó de mi camisa y tu voz selló el hechizo al decir -tal vez-.
Me encantan tus ojos que brillan en todo momento, Esas cejas como alas de gaviota, el chocolate que tiñe la piel de los labios que dicen
-tal vez-
Estoy encantado y no me puedo mover, así que seguiré contemplando tu rostro mientras estas frente a mí y respondes a mi torpe invitación con un encantador -tal vez-.
El encanto dura mucho más que la vida, un desfile de lunas pasaron desde aquella primer mirada, el chocolate mantiene su sabor a piel y sigo encantado, ahora no me puedo mover, no me quiero mover si me falta tu encantadora presencia.
Todos los derechos reservados.
^^^Juan Guerrero ^^^

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