La
protesta de las yemas.
Levanto mi voz en protesta porque
no estamos dispuestos a tolerar éstas injusticias una vez más.
Mis hermanos y yo hemos obedecido
tus indicaciones durante 38 años incluso en acciones completamente
desagradables. El meñique siempre afeminado, nunca se quejó cuando lo
embarraste de esa salsa horrible que escupiste al probar. Yo, el anular, tengo
poca carga de trabajo y sólo apoyo a los demás cuando puedo, El medio, a veces grosero
lo regañamos cuando modela de forma indecente, El índice, inquisidor y acusador
pero muy trabajador. Por último el gordito que todos queremos y respetamos como
líder en ésta mano tuya.
Lo acontecido anoche fue la gota que derramo el vaso. Estamos
coordinados con los dedos de la mano izquierda y trabajamos con gusto, lo hemos
hecho desde niños y lo seguiremos haciendo por algunos años más.
De niños las texturas eran muy
diferentes, lo pegajoso era común entre nosotros, la tierra y el chocolate que salía
cuando papá nos bañaba era algo digno de verse. El constante roce con los dedos
de los demás fue desapareciendo poco a poco. Los pequeños, fríos y polvorientos
deditos de las primas, los largos y presumidos dedos de mama que nos apretaban
con fuerza al cruzar las calles, los rasposos y callados dedos de papá.
El contacto con ellos se acabó
por las mismas fechas que conocimos a Lizbeth (nuestra primera novia) fue ahí cuando
encontramos nuestro uso favorito, platicar con los dedos de una niña fue lo más
grandioso que hicimos en esos días de escuela, las canicas dejaron de frecuentarnos y
aparecieron las cartas de amor, dulces y chocolates compartidos con gusto por
primera vez.
Pocos años después aprendimos a
trabajar en equipo con la otra mano, nos ocupamos en tareas difíciles y repetitivas
para conseguir dinero y tiempo que ocupaste en estudiar, nunca nos quejamos por
las barbaridades que hicimos. Como limpiar el trasero o cortar las uñas de los
pies con dedos pequeños e inútiles incapaces de hacerlo por ellos mismos. Cuando
nos escondimos en la palma mientras tú peleaste por tonterías sin importancia. Incluso
guardamos el secreto cuando quebrantamos
la ley de los hombres.
Hoy, las obligaciones son menos, convivimos
con un celular, un sello y un bolígrafo.
La computadora es fiel compañera. Siempre te consideramos buen patrón pero lo
que paso anoche no lo podemos perdonar…
Gracias a tus palabras platicamos
con los dedos de Yadira, estuvimos con ellos en el café cerca de aquí. Ellos tienen
la plática más entretenida del mundo. Desde los días de la infancia dejamos de
tener contacto con otras manos, solo roces ocasionales sin charla y a veces con
asco, en cambio con ellos la noche se volvió mágica, los vimos transportar seis
o siete vodkas a su boca, nosotros
hicimos lo propio con ginebra sin olor y clara como las lágrimas cuando estamos
solos.
Después jugueteamos un poco,
ellos con el cabello, nosotros con la barba que te niegas a cortar, los pies de ambos nos trajeron tambaleantes a
este cuarto de hotel, un poco inconscientes de lo que hacíamos nos presentamos con
el resto de su cuerpo, la suavidad del cuello, el oloroso cabello líquido y despeinado,
acariciamos su vientre caliente e infinito, los hombros fríos a pesar del alcohol
y los besos, sólo reaccionaron cuando mi hermano medio y el mayor atraparon
al pezón rosado, duro y desafiante en pie de guerra, como valiente guerrero de infantería
en primera fila a punto de pelear una batalla que sabe que perderá.
Comenzamos a bajar, los roces
cada vez más fuertes y húmedos hasta que llegamos al final de la planicie del
vientre, ¡en ese momento nos arrancaste la gloria que bien nos merecíamos! y
pusiste en ése aromático y aterciopelado lugar tú horrible y desgraciado animal
sin alma ni amor...




