jueves, 11 de febrero de 2016

La protesta de las yemas.
¡Levanto mi voz en protesta porque no estamos dispuestos a tolerar éstas injusticias una vez más!
Mis hermanos y yo hemos obedecido tus indicaciones durante 38 años, incluso en acciones completamente desagradables. El meñique siempre afeminado, nunca se quejó cuando lo embarraste de esa salsa horrible que escupiste al probar. Yo, el anular, tengo poca carga de trabajo y solamente apoyo a los demás cuando puedo, el medio, a veces grosero lo regañamos cuando modela de forma indecente, el índice, inquisidor y acusador pero muy trabajador. Por último el gordito que todos queremos y respetamos como líder en ésta mano tuya.
Lo acontecido anoche fue la gota que derramo el vaso. Estamos coordinados con los dedos de la mano izquierda y trabajamos con gusto, lo hemos hecho desde niños y lo seguiremos haciendo por algunos años más.
De niños las texturas eran muy diferentes, lo pegajoso era común entre nosotros, la tierra y el chocolate que salía cuando papá nos bañaba era algo digno de verse. El constante roce con los dedos de los demás fue desapareciendo poco a poco. Los pequeños, fríos y polvorientos deditos de las primas, los largos y presumidos dedos de mamá que nos apretaban con fuerza al cruzar las calles, los rasposos y callados dedos de papá.
El contacto con ellos se acabó por las mismas fechas que conocimos a Lizbeth (nuestra primera novia) fue ahí cuando encontramos nuestro uso favorito, platicar con los dedos de una niña fue lo más grandioso que hicimos en esos días de escuela, las canicas dejaron de frecuentarnos y aparecieron las cartas de amor, dulces y chocolates compartidos con gusto por primera vez.
Pocos años después aprendimos a trabajar en equipo con la otra mano, nos ocupamos en tareas difíciles y repetitivas para conseguir dinero y tiempo que ocupaste en estudiar, nunca nos quejamos por las barbaridades que hicimos. Como limpiar el trasero o cortar las uñas de los pies con dedos pequeños e inútiles incapaces de hacerlo por ellos mismos. Cuando nos escondimos en la palma mientras tú peleaste por tonterías sin importancia. Incluso guardamos el secreto cuando quebrantamos la ley de los hombres.
Hoy, las obligaciones son menos, convivimos con un celular, un sello y un bolígrafo. La computadora es fiel compañera.
Siempre te consideramos buen patrón pero lo que paso anoche no lo podemos perdonar…
Gracias a tus palabras platicamos con los dedos de Yadira, estuvimos con ellos en el café cerca de aquí. Ellos tienen la plática más entretenida del mundo. Desde los días de la infancia dejamos de tener contacto con otras manos, solo roces ocasionales sin charla y a veces con asco, en cambio con ellos la noche se volvió mágica, los vimos transportar seis o siete vodkas a su boca, nosotros hicimos lo propio con ginebra sin olor y clara como las lágrimas cuando estamos solos.
Después jugueteamos un poco, ellos con el cabello, nosotros con la barba que te niegas a rasurar, los pies de ambos nos trajeron tambaleantes a este cuarto de hotel, un poco inconscientes de lo que hacíamos nos presentamos con el resto de su cuerpo, la suavidad del cuello, el perfumado cabello líquido y despeinado, acariciamos su vientre caliente e infinito, los hombros fríos a pesar del alcohol y los besos, sólo reaccionaron cuando mi hermano medio y el mayor atraparon al pezón rosado, duro y desafiante en pie de guerra, como valiente guerrero de infantería en primera fila a punto de pelear una batalla que sabe que perderá.
Comenzamos a bajar, los roces cada vez más fuertes y húmedos hasta que llegamos al final de la planicie del vientre, ¡en ese momento nos arrancaste la gloria que bien nos merecíamos! y pusiste en ése aromático y aterciopelado lugar tú horrible y desgraciado animal sin alma ni amor...
Y te olvidaste de nosotros.
todos los derechos reservados.
"""Juan Guerrero"""

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