jueves, 8 de enero de 2015

Un recuerdo.

Soly Quian Tenorio Rosas.

Se dibujan pausadas, torcidas y deformes éstas líneas en el papel mientras pienso en ti y lo que pudo ser sí tus días no hubieran terminado poco después de tu llegada, Hijo mío.

Se terminó el vagar por noches interminables y tristes, una luz de salvación me iluminó cuando supe que vendría, la única esperanza de retomar el camino del bien llegó con la noticia de tu nacimiento.

Vivimos tiempos de gran dolor, tu con agujas en los brazos y yo con arpones en el corazón. Los pálidos, desnutridos e indiferentes doctores te consideraban una gran oportunidad para aprender de un caso único en el país uno de tres ejemplares en el mundo, como una especie nueva a la cual tenían el derecho de estudiar y someter a todas sus pruebas y estudios sin detenerse a pensar en tú sentir. Animales con un oído de plástico maleable, frío en parte que tocó tu pecho, oídos sintéticos igual que sus incoloras conciencias.
La impotencia de verte sometido por sus máquinas rítmicas con sonidos metálicos y malditos.

Tenías corazón de guerrero, la mirada triste que parecía comprender todo y tu boca que sonreía al verme, el cabello rebelde, necio y aferrado como tus ganas de vivir.
Tus ojos se parecían tanto a los míos que mis lágrimas brotaban sin control cuando las miradas se cruzaban.
Tus brazos y piernas siempre dispuestos a crecer y a tirar todo lo que estuviera a su alcance.
Sólo tu pecho demostró debilidad, los pulmones estaban comprimidos en una cárcel que no se pudo expandir, lucharon por llevar el oxígeno a todo el cuerpo pero el espacio fue insuficiente y terminó por detenerse el ritmo de la respiración... Se fueron tus miradas, tus caricias involuntarias, tus olores estériles, tus deditos que apretaban con fuerza, tus ganas de comer todo líquido blanco, tus días que se llevaron consigo la única parte de mi, que tenia esperanzas de ser feliz.
Ahora, después de algunos años sobrevivo de los recuerdos y las ilusiones donde acompañas mis noches de chocolate y disfrutamos del amanecer, del frío al caer el sol.

Al despertar, la ilusión se convierte en una carga que ya no soporto. ¿Por qué no estamos juntos? Por qué tuve que despedirme de ti? ¿Por qué un padre tiene que enterrar a su hijo en la tierra y en el tiempo?  Si estuvieras aquí yo no sería un escritor apunto de morir.

Todos los derechos reservados.

            ^^^Juan Guerrero^^^


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